
El Real Madrid presentó a CR9 en olor de multitud, lo que le va a granjear al Madrid no pocas antipatías y el reconocimiento mundial ante la aparición de un nuevo Rey Midas (que aplica a rajatabla el modelo empresarial). La madre de todos los récords se hizo visible en la presentación de un jugador de fútbol en lo que se refiere a asistencia, expectación y seguimiento.
Rezaba una pancarta exhibida por un grupo de aficionados lo siguiente: Benzemá: 35 millones de euros; Kaká, 64, Ronaldo, 94. Joder a Laporta (presidenbte del Barcelona) no tiene precio. Para todo lo demás, Florentino (presidente del Madrid). El humor castizo va por otros derroteros y algunos, aparcando la crisis y haciendo gala del pitorreo más genuino e hispánico, aseveraban: Ronaldo, un mileurista más, sólo que a mil euros el minuto y no al mes como la gran mayoría de jóvenes españoles que aún conservan el empleo, precario y mal pagado, pero trabajan, al fin y al cabo. Un contraste más de la era de la globalización. Ronaldo abrirá mercados en los cinco continentes, reportará ingresos multimillonarios en publicidad y merchandaising y destilará glamur a raudales (envidias, recelos y odios en las aficiones rivales). Al Madrid no se le perdona tanto poderío. No obstante, en el fondo es sabido que en el epicentro del florentinato el riesgo está calculado (y eso es lo que jode) pero hay que atreverse con ello porque de cobardes nada se ha escrito, a pesar de que las tumbas están llenas de valientes.
El denominado "fenómeno mediático" paseó por el Bernabéu su cuerpo serrano -estrictamente esculpido a base de gimnasio, no en los bares de copas- con toda naturalidad dejando a su paso una estela de optimismo, pasmo y entrega que supera los límites de la realidad. Dicen que el dinero no da la felicidad, pero, ayer, Florentino Pérez, demostró lo contrario: hizo felices a miles de madridistas por el módico precio de 94 millones de euros. Innegable mérito.
La vorágine continúa y a muchos dirigentes se les han puesto de corbata mientras que otros se hacen los duros en un intento desesperado por retener a sus estrellas (en peligro de emigrar). Menos mal, Monsieur Laporta, que nadie quería fichar por el Madrid. El oráculo la ha cagado y los brujos están en franca decandencia. Y este mundo es una auténtica locura.
Desde Barcelona disparan con artillería pesada y descargan munición en cantidades industriales sobre Madrid (el Real) como si les fuera la vida en ello. Desde que Florentino accedió a la presidencia del club madrileño y retomó la política de los fichajes galácticos el pánico se ha esparcido por la Ciudad Condal como una lluvia de estrellas, y las críticas al desembolso de Pérez para traerse a los mejores del mundo no se han hecho esperar. Se han metido en casa ajena sin invitación (sutileza de Valdano, que no quiere cargar las tintas), aunque este es un país libre y todo quisque puede opinar -y de hecho opinan hasta los gatos-. Pero una cosa es opinar y otra, muy distinta, entrar a saco en el funcionamiento interno de una entidad cuestionando sus actuaciones y comparándolas con el imperialismo napoleónico. ¿Quién te ha dado vela en este entierro, Joan?
Me gustan las palabras pronunciadas por
Las lágrimas de
Un tipo que llega y besa el santo con un triplete en su primera temporada dirigiendo a un grande algo tiene. 
Antes de que se juegue la final de la champions (que ojalá gane el Manchester) tengo que hacer referencia a la madriditis, un virus que arraiga no sólo en el barcelonismo sino en otros grandes de Europa.


