Impresionante documento gráfico en el que se puede observar con qué brutalidad el mozo es embestido por ese pitón, presumiblemente puntiagudo y astifino. Eso fue lo que, en un principio, pensaron algunos testigos presenciales. Sin embargo, posteriormente, se dieron cuenta de que aquello no era lo que parecía, y llegaron a la conclusión de que el Conde Drácula había resucitado y tenía una nueva afición -los toros y las fiestas- unida a su manifiesta vocación de chupasangre. Así fue que se divirtió de lo lindo en los pasados sanfermines.

Por lo demás, una buena corrida (posteriormente, en la plaza).