Me gustan las palabras pronunciadas por Rosa Díez tras el triunfo alcanzado por su partido en las recientes elecciones al Parlamento europeo: "Los casi 450.000 votantes del partido (UPyD) son ciudadanos rebeldes que han decidido ser libres". Una brisa de aire fresco en la viciada atmósfera política española plagada de pseudogurús, agoreros, salvadores y pichasflojas. Una flor con espinas esta Rosa, lúcida, valiente, luchadora y que tiene que lidiar con el vacío informativo al que la someten los medios de comunicación afines al poder (casi todos). Me encanta esta mujer.

La "cosa" Berlusconi, como le define Saramago, es un fenómeno paranormal que afecta a todo un país que parece estar anestesiado por los efluvios de la adormidera. Las barrabasadas de "Il Cavalieri" -bailarinas incluidas- no tienen consecuencias en su carrera política y su formación arrasa en las elecciones europeas. Los analistas políticos no entienden nada y se tiran de los pelos ante los resultados obtenidos por el partido de Silvio (El Pueblo de la Libertad, manda huevos). La sociedad italiana se apresta a pasar por la consulta del psicoanalista y la medicina realizará un estudio exhaustivo para intentar descubrir qué tipo de sedante inocula Berlusconi al pueblo italiano.

Las lágrimas de Roger Federer -llora cuando gana y cuando pierde, qué curioso- podían protagonizar alguna novela romántica de Corín Tellado. La sensibilidad del muchacho ha calado como la lluvia en los aficionados parisinos que han experimentado un "orgasmazo" con la victoria del tenista en Roland Garrós, el único Gran Slam que le faltaba al suizo para hacer historia. Hasta Nadal se alegra de la victoria de su "amigo" Roger. Otro caso para estudiar por los colegas de Freud (el de Nadal, digo). ¡Qué bien le ha sentado el matrimonio a Roger!

Button se lo lleva de calle. Sexto triunfo del piloto británico en este devaludado y absurdo campeonato de Fórmula 1 que aburre a las arañas. Los grandes premios son tan predecibles, tan parecidos al Scalextric, que un simple adelantamiento (rarito de ver) levanta al público de sus asientos. Alonso está "mosca" con Renault mientras Jenson saborea las mieles del triunfo a bordo de un Brawn que va como la seda. Todo esto demuestra que en la F1 lo de menos es el piloto. Si no tienes un buen coche olvídate de ganar carreras (esta perogrullada la conoce hasta el tonto del pueblo) porque el nivel de los pilotos (los mejores del mundo, la élite) es incuestionable en este circo mediático. ¡Donde estén los rallys (ahí sí que el piloto tiene peso) que se quite la F1! Una gran mentira sobre cuatro ruedas y un tostón para el espectador (salvando las salidas que, a veces, te deparan alguna que otra emoción o sorpresa).

Un tipo que llega y besa el santo con un triplete en su primera temporada dirigiendo a un grande algo tiene. Guardiola, elegante, señorial y pelín finolis (con pinta de sarasa, y lo digo sin ánimo de ofender), limpió de manzanas podridas el vestuario (Ronaldinho y Deco), incorporó a dos futbolistas de combate (Alves y Piqué) y con una filosofía atrevida y moderna (los partidos se ganan jugando bien y metiendo goles) ha marcado estilo y creado un equipo de fábula, envidiado en los cinco continentes. Pep es fiel a si mismo y ha trasladado sus ideas a los jugadores que entrena. Si los futbolistas las asimilan y llevan a la práctica -como ha sido el caso- el éxito, salvo catástrofe, está asegurado. Cataluña tiene un nuevo héroe cuyo último golpe de mano será la despedida del camerunés Samuel Etoo.

En esta gran marea de nombres propios, una noticia preocupante: "Casi 8 de cada 10 contratos laborales que se firman en Asturias no superan los 3 meses". Pero llegan los políticos, los oyes hablar del mercado laboral, y la pesadilla se torna en dulce sueño. La estabilidad en el empleo es una quimera y la precariedad laboral una realidad, aunque en esto hay quien admite la teoría del cuento chino, o de la leyenda urbana, según convenga. Sin embargo, y hablando claro, es, lisa y llanamente, ¡una mierda!, ¡una auténtica mierda!, defecada por la conjunción planetaria que forman la incompetencia, la crisis, la incapacidad y el mirarse demasiado el ombligo. Cuatro millones no pueden ocultarse por muy Hudini que seas.