Nunca me ha gustado hacer leña del árbol caído; ni es de caballeros ni mi estilo. Pero no me explico qué tipo de locura transitoria movió al ex presidente del Real Madrid a firmar un acuerdo con Cristiano Ronaldo -o sus agentes- en el cual se estipulaba que si finalmente el equipo madridista no fichaba al jugador portugués del Manchester, sería indemnizado con 30 millones de euros. De locos. La desesperación por conseguir un golpe de efecto que le asegurase -supongo- una reelección imposible le alejó de la realidad y le empujó a firmar una cláusula sin sentido - impropia de un buen negociador- y altamente perjudicial para los intereses madridistas. Lo de los chanchullos -que tanto daño le han hecho al club- me lo callo porque es sobradamente conocido, aunque el alicadído ex presidente va de juzgado en juzgado como alma en pena.

Florentino Pérez y su nueva junta directiva se echaron las manos a la cabeza cuando conocieron tal desaguisado y, amén de renegociar las condiciones pactadas por Calderón -100 millones de euros por Ronaldo ni de coña-, ya se han asegurado una de las promesas electorales incumplidas de don Ramón, el fichaje de Kaká.

El cambio de estilo en la Casa Blanca madrileña se ha producido al segundo día de la toma de posesión del Sr. Pérez, un empresario de éxito que trabaja con un talante diferente y una mentalidad de hombre de empresa y no de forofo -caso de Calderón-.

Recuperar el prestigio, tanto deportivo como institucional, parecen ser las dos premisas de su mandato. Y se ha rodeado, para ello, de personas con carisma, historial y prestigio en el mundo del fútbol; es decir, entendidos, señoriales y con un currículum excelente: Valdano, Pellegrini, Pardeza y Zidane. ¿Hay quien dé más? El resultado de este, a priori, apetecible cóctel, es cuestión de tiempo, ese juez implacable que pone a cada uno en su sitio y da o quita razones. Pero, en principio, la ilusión ha vuelto al Bernabéu y esa es la primera victoria de Florentino.

Foto: Ramón Calderón (marcagol)