O EL ENCANTO DE LO INVISIBLE

A cuenta de la foto de Soraya, publicada en la portada de El Mundo el domingo pasado, escribe Fray Josepho en Libertad Digital los siguientes versos:

Perturbas mi inocente monacato
con esa catarata de turgencias.
Me mueves a soñar concupiscencias
y a padecer ardores de niñato.

Sacudes mi vetusto celibato
con un clamor de torpes indecencias.
Me causas olvidadas emergencias
y agitas con tu imagen mi recato.

Me alteras, me trastornas, me enardeces...
con esas tentadoras morbideces
que estallan en mi fe desde tu foto.

Mi fortaleza cede y se desmaya...
¡Por Dios bendito, tápate, Soraya,
que yo ya no respondo de mi voto!

El posado de Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del PP en el congreso de los diputados, ha provocado en los mentideros político-sociales del país una especie de combustión espontánea, una suerte de estallido del punto erógeno por excelencia (el G). De repente, España, Pedro Jota, el gobierno y sus propios compañeros, han descubierto a la mujer que late bajo el maquillaje político que la transfigura (mutación propia del oficio que ejerce). Y algunos se han escandalizado, han puesto el grito en el cielo y han aprovechado la oportunidad para sacudirle unos guantazos o cobrarse deudas pendientes (recuerden la portada de Vogue con la vicepresidenta del gobierno). Los mismos peperos alucinaron con el atrevimiento de Soraya, que ha recibido las críticas y los halagos como quien oye llover. Le apetecía - supongo - y punto (tal vez pensó que la imagen era buena para el partido, que debería cambiar con urgencia la suya). 

Los versos de Fray Josepho son el fiel reflejo del estado de catarsis que las insinuantes curvas de Soraya han provocado en el personal. Pero mañana, en el Congreso, volverá a ser el azote del gobierno y jugará a los dardos (envenenados) con la vicepresidenta mientras sonríe o se mesa el cabello.

A mi la seducción y el atrevimiento nunca me han provocado cortes de digestión ni nada parecido (al contrario, me han subido la libido y despertado envidia sana) y siempre he admirado a las personas que tienen la capacidad de sorprendernos. Por tanto, a los puristas, a los puritanos, a quienes se rasgan las vestiduras por un quítame allá esa paja, que les den morcilla.

Soraya, juventud, divino tesoro, te define lo que has dicho a posteriori: "Si hubiera sabido que iba a salir en la  portada de la edición diaria, habría pedido la dimisión de Solbes". Lo dicho,  la fuerza de la seducción (fotoshop aparte), y el encanto de lo invisible.