La naturaleza es caprichosa y los fenómenos naturales dibujan en ella formas únicas, armónicas y de una belleza insólita. Las olas heladas que las bajas temperaturas han conformado en el iceberg "Pixs", en la lejana y fría Antártida, sorprenden y deslumbran a quien las contempla. De igual modo, las olas que el efecto del viento y la erosión han ido creando en las formaciones rocosas del desierto de Arizona constituyen un efecto visual muy poco común; parece que las hubiera surcado un arado, pero nada tiene que ver en ello la mano del hombre ni sus máquinas.

La naturaleza sigue su curso y cuando no encuentra obstáculos esculpe trabajosamente, en el hielo o en la tierra, su magna obra.