Se dice en ocasiones que lo que es bueno para el cuerpo es malo para el alma y viceversa. También hay una creencia extendida que nos lleva a pensar que los medicamentos pueden curar una enfermedad, pero que sus efectos secundarios pueden afectar negativamente al organismo y provocar el nacimiento de otras. Difícil disyuntiva, ciertamente.
Algo parecido pasa con las patatas, a tenor de sendas investigaciones realizados recientemente. Los resultados de un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona que aparecen en la revista "Journal of the Science of Food and Agriculture" concluyen que las patatas frías o en ensalada podrían ser beneficiosas para el sistema inmune. Sin embargo, las patatas fritas de bolsa y caseras podrían contener una sustancia cancerígena denominada glicidamida, según científicos de la Universidad Técnica de Múnich (TUM, en alemán). El problema se ocasiona cuando el aceite supera los 120 grados en una fritura.
O sea; que mientras te refuerzan el sistema inmunitario para que las bacterias no te hinquen el diente, te están jodiendo la próstata o el hígado a la chita callando. Cojonudo, oye. Pues estamos apañados. No sé si prefiero evitar una invasión de virus en plan salvaje, mantener el hígado como una patena o dejar de comer patatas. ¿Y tú? Menudo dilema, ¿eh?



1971
21 ago 2008 | 09:11 PM
Un fuerte abrazo