Señoras y señores, la crisis se agudiza. Los indicadores económicos no mienten: las hipotecas ahogan a las familias, las cifras de desempleados van en aumento, la inflación se dispara, el consumo se estanca, disminuyen los cotizantes a la seguridad social, etc., etc., etc. Es decir, estamos jodidos. Sin embargo hay cosas que llaman poderosamente la atención. Estamos cansados de oir hablar del desplome del sector inmobiliario, ¿verdad? Pues intenten comprar un piso en Madrid, ahora que los precios - dicen - han bajado y verán qué sorpresa se llevan. El programa de televisión "El Método Gonzo" (tiene días que se salen), cámara oculta en mano, ha realizado la prueba del algodón y los resultados son alucinantes. Por un piso (más bien una cuadra o pocilga) de 12 metros cuadrados pedían ¡75.000 euros! Y por otro de unos 20 metros cuadrados ¡350.000! De circo. Y pregunto inocentemente, ¿dónde está la crisis? ¿Estamos locos o qué? Espero que no vendan ni uno, claro. Y digo yo que para que el mercado deje de ejercer esa presión asfixiante tenemos que poner algo de nuestra parte ya que el gobierno se muestra incapaz. ¿Qué?, se preguntarán ustedes. Sencillo; darle una colleja al consumo, dejar de comprar viviendas, automóviles y otros bienes cuyos precios son prohibitivos hasta que estos se ajusten a la realidad. Ya está bien de masacrar siempre al sufrido trabajador, al mileurista, al que se ha especializado en juegos malabares para llegar a fin de mes. Que se coman sus pisos y sus automóviles los constructores, las inmobiliarias y los fabricantes y que dejen de tomarnos el pelo o de tratar de sacar provecho a una situación que se hace insostenible para un buen número de familias trabajadoras. Para tener beneficios hay que promover el consumo y si no hay dinero ni facilidades este se estanca y los resultados negativos son inevitables. Pues que tengan pérdidas - como los demás - hasta que se la envainen. Es el único arma que tenemos disponible. Eso, o que nos toque la lotería, claro.
La situación es diáfana. Antes, en los 60 y 70, en las familias trabajaba solamente el hombre y se vivía más o menos bien. Ahora, y desde hace algunos años, la mujer se ha incorporado también al mercado laboral (dos sueldos en casa) y, aún así, a las familias les cuesta sangre, sudor y lágrimas salir adelante. Valga como ejemplo que la morosidad se ha triplicado en un año. Menuda paradoja, ¿no? El perfil del pobre en esta sociedad globalizada del siglo XXI es el de un trabajador de la construcción en paro, esposa con empleo de limpiadora y dos hijos. Tiene bemoles la cosa. Toda la puñetera vida intentando ahorrar cuatro duros para que se vaya todo al carajo por culpa de una crisis que los figuras del gobierno se empeñaron - y continúan en sus trece - en disfrazar tachando de catastrofistas y antipatriotas a quienes nos avisaron de que venía el lobo y ahora resulta que tenían razón (y, naturalmente, nos ha pillado con el culo al aire). ¿Quién paga la factura de la mentira? ¿Nosotros o los políticos? Señoras y señores, pasen a ver el circo.
Dicen que la esplendorosa ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín tenía truco (más trampas y efectos especiales que una película de chinos). ¿La crisis también? Atentos que hay peligro de estanflación (situación económica en la cual se presentan a la vez la inflación y el estancamiento de las actividades comerciales) y eso nos puede llevar, definitivamente, a la banca rota. Eso sí, de la mano de Solbes y compañía, lo que no es un gran consuelo.



así nos etsmoa quedando todos en el paro y sin que llevarnos a la boca.
Crisis haberla hayla pero también hay mucho aprovechado que sigue ganando lo mismo y le va el lamento colectivo para seguir llenándose el bolsillo.
No todo el monte es orégano.
Aquí lo de quejarse se convierte pronto en deporte nacional.