El sueño dorado de todo aquel que busca sosiego en vacaciones. No me lo podía creer. Toda para mí, nadie alrededor, ninguna sombrilla ocultando la orilla; no había niños en mil kilómetros a la redonda jugueteando con la arena y pringándote hasta las cejas repetidamente ni mamás histéricas ni pandillitas de adolescentes presumiendo - ellos - de saltos mortales acuáticos - ante ellas -. Ni rastro de esos domingueros que te obligan a escuchar a Camela una y otra vez con su casette a todo volumen; sin noticias de los inventores del top manta ofreciéndote Cds machaconamente. Nada de paparazzis (los famosos, afortunadamente, están en Ibiza) ni de parejitas haciéndose arrumacos. Tampoco tarzanes en potencia jugando a las palas y utilizándolas como si fueran metralletas (el blanco, claro, siempre es el mismo y la pelotita acaba reiteradamente en mi toalla o en mis narices). Solo el rumor de las olas acompasando los latidos y llenándome el espíritu de energía cósmica. ¡Qué delicia! Todo para mí: arena, mar, espacio, tiempo y una añorada soledad, instantes de magia ... un tesoro que me esperaba en un paraíso perdido y que rara vez se encuentra.