Por una vez me voy a adelantar - dijo -, no sé si envalentonada por la crisis y percibiendo una nula reacción por mi parte, o presa de una insolación.

Lentamente se acercó a la orilla (ganándome por la mano y pasándose por el arco del triunfo la jerarquía) y metió la cabeza en las mansas y azules aguas del Mediterráneo.

El sofocante calor me reblandeció el cerebro y cedí el primer baño del verano a esa compañía silenciosa. Tienes todo el derecho del mundo a refrescarte porque nunca has sido mala sombra, grité mientras la espuma se la llevaba mar adentro.

Se fue con el sol y volvió al día siguiente como si tal cosa, dispuesta a retarme nuevamente, cansada, quizá, de guardarme casi siempre las espaldas. Compartimos el verano, los baños, el calor y las cervezas; solidariamente, sin recelos ni envidias. A fin de cuentas había playa y mar suficiente para los dos.