Me encantan los discursos de los políticos (perdón, quería decir los mítines, que los políticos no dan discursos ni conferencias), disfruto como un enano cuando les oigo y me parto de la risa cuando nos avanzan “trailers” de ficción. Es hilarante comprobar cómo, tras habernos dicho una mentira como una catedral, ni les cambia el gesto ni se sonrojan ni sudan en frío. Te la meten doblada con una naturalidad impresionante. Recuerdo que cuando estudiaba Magisterio en la asignatura de Pedagogía había un libro de obligada lectura: “Aprender a ser”. Estoy convencido de que en las academias donde se forman los políticos del futuro y por las que han pasado la gran mayoría de los que están actualmente en primera línea se imparte como materia de primer orden el “Aprender a mentir” (y la aprueban con matrícula). Cuando quieren que traguemos algún sapo se ponen trascendentes, serios y te sueltan la mayor barbaridad con un lenguaje duro y directo. Piensan que así nos convencerán. Ahora bien, hay casos en los que emplean la escasa capacidad de seducción que la mayoría poseen para vendernos, con una sonrisa interminable, una moto de gran cilindrada. Y se quedan tan anchos.

Ahora que la crisis se le ha subido a la chepa, el gobierno anuncia un paquete de medidas para reducir el gasto público y promete apretarse el cinturón. Una de las más llamativas es la congelación salarial de los altos cargos. Y me da una risa tonta, oiga. ¡Pero si los altos cargos se suben el sueldo en porcentajes escandalosos sin encomendarse a Dios ni al diablo! En la comunidad de Madrid, su presidenta ha suprimido dos o tres consejerías (las malas lenguas dicen que más por represalias que por ahorro, pero bueno, ayuda); en Oviedo, su alcalde anuncia una reducción del 10% en los sueldos de los concejales … etc. No se dejen engañar, son simples gestos para la galería ya que tales rebajas son imperceptibles en sueldos de cuantías elevadas. Mejor que Zapatero hubiese congelado el número de altos cargos en vez de duplicarlos desde 2004; eso si nos habría ahorrado bastante dinero a los españoles.

En fin que las medidas a aplicar van a reducir el gasto corriente del Estado en 20 millones de euros (el 0,007 por ciento de los Presupuestos Generales para 2008 ó, lo que es lo mismo, aplicará un ahorro de 1 céntimo por cada 147 euros de gasto). Lástima que los compromisos económicos del Ejecutivo asciendan a casi 70.000 millones que se van a ir en la devolución de los 400 euros del IRPF, en el apoyo a las PYMES, en la recolocación de parados, en más obra pública, en planes Renove, créditos ICO, etc., lo que me parece de perlas, naturalmente.

Entretanto la inflación se sitúa en el 5,1%, el precio del barril de petróleo nos los está poniendo de corbata y las ventas del comercio al por menor se desploman. Nuestros bolsillos tienen mas agujeros que un queso de gruyere. Pero se agradece que el gobierno haya despertado del ensimismamiento que le había producido su recreación del país de las maravillas y se haya trasladado bruscamente al mundo real, ese en el que vivimos los demás como buenamente podemos, agarrados a un clavo ardiendo, con una mano, y, con la otra, intentando quitarnos la soga del cuello.