Cada vez que el gobierno habla de desaceleración transitoria para definir una crisis en toda regla el corazón se me sale del pecho. Me gustaría saber cómo interpretan los indicadores económicos, el incremento del Ibex, el descenso del PIB, la sangría de parados, la cuesta abajo en la venta de viviendas y tantos otros datos que no pueden enmascararse con palabras ni eufemismos. ¿Cómo nos ven los políticos que nos gobiernan? Para ellos, evidentemente, no existe las crisis. Tienen un estatus de privilegio, salarios astronómicos, posición social y salidas de emergencia para reubicarse tan ricamente cuando abandonan el sillón (los ciudadanos, ni un mísero clavo ardiendo al que agarrarnos).

Nosotros, los ciudadanos normales, tenemos que bandear como buenamente podemos este tsunami económico que nos está dejando en bragas. No sé si los políticos entienden el mal trago que estamos pasando, lo que nos cuesta llegar a fin de mes, los sacrificios a los que nos sometemos para que los hijos puedan estudiar en la universidad, la salud que nos dejamos intentando pagar la hipoteca. A veces creo que nos miran con indiferencia, incluso con desprecio. Somos una masa social indeterminada, lejana, ausente en sus planteamientos, necesaria únicamente cuando lo requieren las urnas. Estamos solos ante el peligro y quizá en otras circunstancias podríamos ofrecer resistencia si no fuera porque ellos son el peligro. ¿Qué crisis?, dicen. Lógico, en sus vidas nada de lo que está pasando tiene incidencia ni consecuencias.

La hipocresía ha dado un golpe de mano y gobierna mirando para otro lado. Ojos que no ven, corazón que no siente y a tirar p’alante. Que cada palo aguante su vela. La crisis es de guante blanco, pero nos está masacrando el mentón.