RAÚL, SELECCIÓN

"Quiero descansar y centrarme en el Madrid", ha dicho Raúl González, el 7 de España y del Real Madrid, convencido de que Luis Aragonés no le quiere en la Roja. Desconozco los motivos de este desencuentro, aunque estoy seguro de que no se produce por motivos estrictamente deportivos. Luis no puede decir que no le lleva porque Raúl está mal. Tal mentira no colaría, cantaría demasiado.

El Sabio de Hortaleza vuelve a ser Zapatones, empecinado en negar la evidencia - quien sabe si por un asunto meramente personal - de que Raúl está en uno de los mejores momentos de su carrera deportiva y se ha merecido - por su excelente temporada - la llamada del seleccionador.

Nada tiene que envidiar a Güiza, Villa o Torres; es más, a todos le supera en compromiso y entrega, sin menosprecio de la valía de los delanteros mencionados, sobradamente conocida. Pero Raúl es ya un símbolo, no sólo del madridismo, sino del deporte español. Su retirada está cercana aunque él en este tema se muestre cauto, lo que es lógico porque se mantiene en perfecta forma física, se ve a si mismo en plenitud y lo consigue a base de machacarse en el gimnasio - casi como Ronaldiño -, de llevar una vida privada sin ningún tipo de excesos y una personalidad forjada durante muchos años en la élite, dando el callo, siempre el primero.

En el Madrid le pusieron delanteros de todos los colores para hacerle sombra (algunos mediáticos y de relumbrón) y ninguno de ellos logró apartarle de la titularidad, fuese quien fuese el entrenador (y tuvo muchos). No entiendo la postura del Sr. Aragonés, un personaje un poco mayor (para mi gusto) para estar al frente de un combinado nacional. Es cierto que ha promovido el "jogo bonito", el fútbol de toque ("tiki-taka"). Pero eso tiene poco mérito cuando cuentas con un elevado abanico de jugadores que por sus condiciones técnicas pueden ponerlo en práctica, incluido el olvidado Guti.

Porque considero que Raúl se merece ir a la Eurocopa, reivindico desde aquí su convocatoria, ahora más que nunca, porque sé que es un sueño imposible. La cabezonería de un seleccionador que se hace el sueco ante los elogios que le dedican al delantero entrenadores de todo el mundo, es un muro demasiado alto y de un grosor impenetrable.

Después de la Eurocopa Aragonés se irá para su casita con la cabeza baja porque, en cuartos, nos eliminarán como siempre. Raúl aportaría un extra de coraje, haría piña y sería un ejemplo para sus compañeros. Además, seguramente metería algún golito, quizá salvador y a lo mejor lo que Luis quiere evitar es ese sonrojo. Uno contra todos y ese uno gana la partida a costa de prescindir de uno de los mejores delanteros del mundo. Lástima.

Y no es pasión de madre. Los números, como el algodón, no engañan.