Todos hemos constadado en alguna ocasión que los conductores, a veces, van como locos. Y cuando se acercan a núcleos de población, pues lo mismo. Les importa un rábano que haya señales indicando la velocidad máxima permitida. Se las pasan por el forro y así ocurre lo que todos sabemos, que los accidentes en vías lentas son habituales (atropellos de peatones, ciclistas, choques en cruces, etc.). Otro de los deportes nacionales es el de saltarse los semáforos en rojo. Qué sensación más estimulante, oiga. Conclusión: cuando tenemos un volante entre las manos nos ponemos a hacer el Schumaker cuando debería ser al contrario.

Pero, ¡ay, amigo!, la imaginación al poder. Como los límites de velocidad no se respetan alguien tuvo la brillante idea de inventarse un nuevo limitador de velocidad ante el que todo el mundo adopta precauciones por la cuena que le tiene. Porque si tú ves en la carretera un socavón como el de las fotografías, ¿a que reduces la velocidad en un plis plas para no desguazar las suspensiones del vehículo? No me digan que no hay gente con las neuronas frescas. ¿Un buen truco que puede salvar vidas o una paranoia de algún chiflado?. Ustedes mismos.