En política los servicios prestados se pagan a precio de oro. Antes, en la época de la dictadura (cada vez más parecida a ésta), se recompensaban con un puesto en el consejo de administración de una gran empresa (como Telefónica) o un alto cargo directivo. Hoy te nombran delegado para Europa de una gran multinacional española (Telefónica) y te asignan un sueldo de no te menees. Lo digo por Zaplana, exportavoz popular en el Congreso y exdiputado del PP. Harto ya de estar harto, ya me cansé, (decía la canción de Serrat y puede que sea éste el caso de Zaplana), el "ogro" de los populares se ha buscado la vida fuera de las bambalinas parlamentarias y, entre el gobierno y su propio partido, le van a llenar los bolsillos con el mejor plan de pensiones que uno pueda imaginarse; nada de problemas económicos cuando le llegue la jubilación que nos ha servido bien y se merece un futuro plácido y sin sobresaltos (económicos, evidentemente).
En el ámbito político todo está atado y bien atado; ladran pero nunca llegan a morderse y en momentos puntuales, de decisiones trascendentales, todos sin excepción arropan a la vieja gloria y le proporcionan un retiro millonario para que no eche de menos los combates en el hemiciclo y se le ocurra volver. Porque unos (Psoe) no le aguantan y otros (PP) se quitan de en medio una mosca cojonera que, en un momento determinado, podría hacerle sombra o intentar moverle el sillón del partido al enigmático e incombustible líder, Mariano Rajoy.
A propósito del asunto mencionaba Jesús Cacho en un artículo publicado en "el Confidencial" una frase de Jean-Claude Michéa (La escuela de la ignorancia): “la forja de ciudadanos ignorantes, y por tanto acríticos, es una condición necesaria para el correcto funcionamiento de las sociedades de consumo avanzado”. Queda clarito, ¿no? Ignorantes por debajo y listillos por arriba igual a ...
Pues eso, los de abajo a currar como pringaos para que la hipoteca, la cesta de la compra, el combustible del "600" o la amenaza latente del desempleo, no nos engulla (como la boa al conejo), y los de arriba a disfrutar de un retiro dorado, coche oficial, secretarias, despachos de 200 metros cuadrados, viajes pagados, sueldo astronómico, para seguir disfrutando de un estatus de privilegio y comerse el conejo como la boa, de un sólo bocado y sin atragantarse. Yo, por un millón de euros al año, haría lo mismo ... que le den a la política.
Y en medio de todo esto, la nada, el vacío, la sordera, el "aquí no pasa nada", un país atravesando el desierto de una crisis económica mil veces negada por los poderes fácticos y rendido a la chistera del mago presidencial, que navega entre dos aguas - o entre aguas turbulentas - con la pericia de un viejo lobo de mar. No hay tsunami que altere su rumbo, sustentado en una tripulación forjada en la lealtad - si me sirves bien también tendrás tu recompensa - y con grumetes educados en esa escuela de la ignorancia. Asi gobierna y concede prebendas (a enemigo que huye, puente de plata), como si estuviese disfrutando de un crucero por el Caribe, sabedor de que la oposición es torpe (y en casos como el de Zapalana colabora, faltaría más) y de que, aún negando lo evidente, volverá a arrasar en las urnas. Ni los piratas somalíes consiguen borrarle su sonrisa escarlata. Si abordan un barco de la flota, nada de combate cuerpo a cuerpo; con un buen rescate - pagado en euros - se recuperan nave y tripulación (a eso se le llama diplomacia) y , contramaestre, que continúe la travesía.
Ven ustedes qué fácil. Si es que somos unos pesimistas que lo vemos todo negro, y por eso nos alegramos de las desgracias ajenas y envidiamos su éxito. No tenemos arreglo.



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