Siempre había tenido la convicción de que elegir el sexo del bebé era una cosa poco menos que imposible ya que, por lo general, los genes son los que deciden si vas a tener un niño o una niña; aunque en algunos casos puede que la fe tenga algo que ver en el asunto, puesto que media una pequeña intervención divina – ya conocen la frase “será lo que Dios quiera”-. Debo añadir que me rondaba la cabeza una teoría muy particular (en su momento la apliqué al pie de la letra) que en la práctica me dio los resultados esperados (salvo que haya sido pura cuestión de suerte). Verán. Yo pensaba que si querías tener un hijo varón en el momento de la concepción debías emplear “el misionero” o “la profunda”, posturas bien definidas en el kamasutra (no te digo nada de lo prestosas que son). En cambio, si deseabas tener una niña lo apropiado era ensayar con la pareja “la variante del cara a cara”, “el sometido”, “la fusión” o “el atrapado”.
Pero todas mis teorías se han ido al garete tras conocer los resultados de un estudio ¿científico? llevado a cabo en las universidades de Exeter y Oxford (estos ingleses ya no saben qué inventar) y publicado en la revista Proceedings of the Royal Society. La primera conclusión del estudio es que la dieta de la futura madre está relacionada con el sexo del bebé. Según esto, las mujeres que realizan dietas bajas en calorías o que se saltan el desayuno en el momento de concebir un hijo son más propensas a dar a luz niñas que varones. Bueno, pues si lo dicen los científicos ... pones a la parienta a dieta y ¡zas!, una meona. Que quieres niño; pues la atiborras de chuletones y ¡toma!, un pirulón.
De todos modos a mi no me convencen demasiado estos resultados y otros eminentes expertos en el tema ya han manifestado su escepticismo al respecto. Unos discrepan porque “el metabolismo del espermatozoide y el ovocito es tan bajo que tienen todos los nutrientes, independientemente de lo que tome la madre”. Otros creen “que las evidencias conocidas hasta ahora indican que el sexo está determinado genéticamente y que la dieta no puede influir en esta cuestión, aunque sí en la aparición de enfermedades en el futuro bebé si no es adecuada”.
Un amigo de la infancia estaba empeñado en que la fusión de un espermatozoide vago y un óvulo escurridizo daba como fruto un varón. Sin embargo, espermatozoide activo y óvulo que se deja querer, niña al canto. Idea bastante peregrina, por cierto, pero que tiene su gracia.
Visto lo visto, creo que me merecen más crédito mis propias teorías que las conclusiones de estos sesudos investigadores. Más que nada porque he tenido la descendencia que he querido; o sea, la parejita. Y cada uno en su momento, nada de dejarlo al azar.
Si les apetece, prueben mis teorías y ya me contarán (abstenerse practicantes de la vida sedentaria y mayores de 55 años). Pero les advierto que no se admiten reclamaciones.



Ramsés ....
25 abr 2008 | 01:59 PM
Bueno, yo no tengo problemas.
Sigo sin querer tener hijos.
Good weekend.