Y no de la prensa. Viene esto a cuento porque Telma Ortiz, hermana de la Princesa de Asturias, está defendiendo a capa y espada su intimidad y ha desatado una tormenta de incomprensiones - y de adhesiones - entre los profesionales del periodismo y la opinión pública. Desde que ha sido madre los medios de comunicaciónla la siguen, persiguen y acosan. Telma se ha hartado y ha interpuesto una querella contra 54 medios en defensa de su vida privada, lo cual me parece perfecto porque una cosa es informar que ha dado a luz y punto, y otra pretender que su traslado desde Filipinas a España es una noticia de interés, por ejemplo. El acoso mediático al que está siendo sometida la pareja ha hecho mella en ambos de tal forma que él - dicen - ha adelgazado 10 kilos.

Personalmente, que sea hermana de doña Leticia no me parece argumento suficiente para que los paparazzi hurguen continuamente en su vida. Dónde está, qué hace, a dondé va, de dónde viene, con quién sale... Es realmente asfixiante e insoportable; máxime en una persona que no desea convertirse en un personaje del papel cuché, celosa de su intimidad y defensora a ultranza de su vida privada, que es eso, privada, por mucho que los medios de comunicación digan que coarta su libertad de expresión. A ver si interpretamos mejor la Constitución y lo de la libertad de expresión que la pobre sirve para todo, para un roto y para un descosido y se la manipula con demasiada ligereza e interpreta según convenga. Una cosa es dar una noticia y otra - muy distinta - es convertir a una persona en noticia cuando va a la peluquería o hacernos creer que una tarde de pesca, pongo por caso, es algo noticiable. Con ese pretexto te montan un chiringuito periodístico a la puerta de tu casa y tienes damas de compañía gratis todos los días y para toda la vida. Pero Telma no traga y eso escuece.

Y que el inefable Jaime Peñafiel, un personajillo del mundo rosa que detesta todo lo que huele a Casa Real o se le acerca, manifieste en un programa de televisión "cuántas tonterías se pueden decir en 60 folios", que es aproximadamente la extensión de la demanda presentada por Telma, tiene bemoles. Pues mira, Jaimito, supongo que bastantes menos de las que dices tú durante los 15 o 20 minutos que apareces en ese espacio televisivo.

Telma Ortiz defiende su vida privada de la misma forma que la prensa defiende su libertad de expresión. Puede ser, pero ¿quién establece los límites? La justicia debe decidir si preserva el derecho a la intimidad de las personas o considera que impedir el acoso mediático a una familia vulnera el derecho a la libertad de expresión. Yo lo tengo claro, Peñafiel; y tú también, aunque en público digas lo contrario. Mi vida privada es mía y no de la prensa. Y a Telma, olé tus ...