Miles de personas se manifestaron en 17 ciudades españolas reivindicando su derecho (reconocido en la Constitución) a una vivienda digna y por la creación de un amplio parque de vivienda pública en alquiler y de medidas fiscales que penalicen la especulación. En el transcurso de las manifestaciones salió a relucir la niña de Rajoy y el chalé de ZP; pero eso vamos a dejarlo para otra ocasión.

Que el precio de la vivienda se incrementa anualmente en torno a un 10% ya no lo discute nadie. Que la reciente crisis hipotecaria ha agravado la economía familiar, tampoco es discutible. Que los jóvenes constituyen el 80% de los demandantes de vivienda es un dato contrastado, y que deben destinar ya el 70 por ciento de su sueldo para acceder a una vivienda libre es incuestionable. Si analizamos el mercado laboral y los salarios de la mayoría - por debajo de los 1.000 euros – ya me contarán ustedes cómo se lo van a montar.

Por tanto, no es de extrañar (datos de 2006) que más de cuatro millones de jóvenes españoles vean desvanecerse sus ansias de independencia debido a los altos precios de la vivienda, según se desprende de los datos en poder del Instituto de la Juventud. Un 69% de los jóvenes españoles de 15 a 29 años (6.379.339) vive en casa de sus padres, pero de ellos al 67% (4.274.157) le gustaría emanciparse.

Lo curioso del asunto es que España tenía un parque de 24.677.227 viviendas a finales del año 2006, según datos del Banco de España, sobre un total de 16,03 millones de familias españolas. Estas cifras indican un promedio de 1,54 viviendas por familia española, la tasa más alta del mundo. Según los datos del INE a finales de 2001, un total de 2,89 millones de viviendas estaban vacías; pero esa cifra se incrementa hasta los 4 millones en la actualidad.

No cabe duda que la industria del ladrillo es un importante motor de la economía. La cantidad de dinero que mueve, el ingente número de proveedores que requiere crean innumerables puestos de trabajo directo lo que, a su vez, provoca un gran consumo, por lo que se vuelve a crear empleo indirecto. Sin embargo, la denominada burbuja inmobiliaria, que hace referencia a la existencia de una burbuja especulativa en el mercado de bienes inmuebles, es la principal culpable (según algunos expertos) del incremento de los precios por encima del IPC, incrementos que solamente se explican recurriendo a factores externos como la especulación.

Bien es cierto que la ley de la oferta y la demanda tiene también su incidencia en el encarecimiento de la vivienda. No obstante, y como consecuencia de esa burbuja, se nos anuncia una caída de los precios a corto plazo provocada por la huida de los especuladores del mercado en el momento en que el precio llegue a un máximo, y por la incapacidad del mercado para absorber la oferta. Según esto, el cambio de ciclo inmobiliario español (e internacional) habría tenido lugar a partir de la crisis estadounidense de las hipotecas subprime en agosto de 2007. Desde entonces los precios de la vivienda en España vendrían sufriendo una corrección gradual a la baja, pero aún inasumible, por imperceptible, para los bolsillos de los jóvenes.

Por el contrario, hay quien opina que otros factores, como el demográfico (en 2007 había en España censados 4.482.568 de inmigrantes) o los tipos de interés, son los culpables de los elevados precios de los pisos.

En fin, que no era mi intención marear con cifras, pero sin ellas difícilmente podría explicarse el fenómeno inmobiliario español que mantiene a los jóvenes bajo el techo paterno a pesar de las medidas puestas en marcha por el gobierno (renta básica de emancipación, por ejemplo, créditos estatales, etc.). De los minipisos propuestos por la anterior ministra de Vivienda, Sra. Trujillo, voy a pasar olímpicamente, porque la idea me parece peregrina y discriminatoria (aunque haya quien esté de acuerdo ella). En 30 0 40 metros cuadrados que viva ella si tan entusiasmada estaba con el proyecto.

Visto el panorama no me extraña nada que los jóvenes se manifiesten. Todos queremos independencia y un rincón propio donde llorar las penas, compartir alegrías y ver los debates televisados en la más estricta intimidad o acompañados, allá cada cuál. Pero para que la niña de Rajoy en la calle no duerma hoy tienen que cambiar muchas cosas. Tampoco se pretende que duerma en un chalé como el de Zetapé, pero entre lo uno y lo otro, seguro que hay una solución intermedia que favorezca a los jóvenes y les permita adquirir una vivienda sin endeudarse hasta las cejas.

Pero no se hagan ilusiones, el problema es de órdago y habrá que encajar muchas piezas para resolverlo. Al tiempo.

http://www.20minutos.es/noticia/356501/0/manifestaciones/vivienda/digna/