DEBATE de guante blanco, exceptuando dos o tres puyazos repartidos en ambas direcciones y esquivados con buena cintura - o cinismo, vaya usted a saber - por los actores.


Llama poderosamente la atención que tras el debate del siglo - Zapatero versus Rajoy - la mayor preocupación de los medios de comunicación en general era la de conocer a quién daban las encuestas como ganador. Pues bien, en mi opinión, combate nulo, empate técnico, aunque si alguien salió reforzada del simulacro fue la democracia, que no es poco. No obstante, es obvio que ninguno de los contendientes estuvo a la altura (más bien discretos, repetitivos - 11M, Irak, terrorismo - y sin salirse del guión escrito por los asesores) y el debate, ligeramente descafeinado, ni se acercó a los que mantuvieron González y Aznar hace quince años, líderes con mucho más peso específico, conocimiento, carisma y pegada.

A mí Zapatero (que en el fondo me cae bien) me parece un doble de Mr. Bean y Rajoy (que tampoco me desagrada) una caricatura de Félix el Gato; pero eso es lo que hay. Y sin perderme en divagaciones y pasando de puntillas sobre las valoraciones posteriores e interesadas de los grupos políticos de los contendientes (como siempre, todos han ganado), lo cierto es que esperaba más, alguna propuesta concreta, un hilo de luz en la penumbra, originalidad en los planteamientos y un poco de estera. Sin embargo, el debate fue de guante blanco (aunque la audiencia esperaba que cualquiera de las partes asestase por fin el golpe definitivo), exceptuando dos o tres puyazos repartidos en ambas direcciones y esquivados con buena cintura - o cinismo, vaya usted a saber - por los actores. Al final nos fuimos a la cama con dos palmos de narices y con la decepción apoyándose en la almohada.

En fin, un debate frío, cansino y con escasos contenidos que no nos aclara prácticamente nada (nada que no supiéramos de antemano) y nos emplaza al próximo, donde las balas de fogueo es de esperar que den paso a la munición real. El país queda a la expectativa tras este primer desencanto mientras los contendientes preparan el segundo asalto en busca del arca perdída y llena de votos indecisos que les empuje definitivamente - a uno u otro - hacia el dorado monclovita.

Los encantadores de serpientes tiene trabajo esta semana. Los primeras figuras se acercan a la suerte suprema y, como los inmortales, sólo puede quedar uno. Que Dios reparta suerte, maestros, pero no sean tostones y esmérense en la faena.

Como curiosidad, dicen las malas lenguas que Zapatero estaba de botox hasta las cejas y que por eso le habían desaparecido las líneas de expresión. Llevaba ácido hialurónicoque. ¿Había que disimular las huellas del cansancio acumulado preparando el cara a cara? Probablemente, pero en estos casos el tratamiento está justificado porque dar buena imagen es fundamental y hasta necesario.