El video de la Plataforma de Apoyo a Zapatero, (ya saben, el del dedo en la ceja), integrada por distintos personajes del mundo de la canción (a muchos de los cuales he de decir que admiraba) difundido por internet con el ánimo de captar votos y la posterior canción de los mismos artistas, grabada y propagada con la misma intención van mucho más allá de la simple recomendación del voto en favor del candidato socialista.

Ahora, la SGAE (una sociedad todopoderosa y agradecida al poder establecido tras la aprobación del cánon digital), en el acto más cutre y obsceno de pesebrismo y servidumbre jamás visto en la democracia española, presenta una reclamación para que se retire de la red un video que critica a Zapatero parodiando los logros de su gobierno mediante un cambio de letra de la canción "Amante Bandido", de Miguel Bosé. Alegan que vulnera los derechos de autor. Me parto, me mondo y me hago pera, como diría la juventud actual. La censura se instala en la sociedad española de la mano de una sociedad millonaria que agradece al gobierno los servicios prestados hasta límites insospechados. Pero se les ha visto el plumero; desde el primer momento. Flaco favor le hacen a la democracia actitudes como esta. La crítica no está permitida, pero el gobierno no se mancha las manos ni se significa ante la opinión pública; utiliza su alargada sombra y se vale de elementos afines para borrar el más mínimo rastro de oposición, para colocar la mordaza en las bocas de quienes discrepan y recuerdan.

Vuelve la censura inquisitorial con Torquemada Bautista a la cabeza. Pero como muy bien saben los socialistas, la memoria colectiva, la memoria histórica (a la que tanto hacen referencia), no puede borrarse de un plumazo, es una ley que permanece inalterable, escrita en las páginas de la mente, siempre presente para recordarnos lo que vivimos hoy y lo que hemos vivido en el pasado. Los hechos, en suma, que no pueden reescribirse ni están sujetos a modificaciones. Mal que les pese a los nuevos censores del régimen, esos que se inventan excusas paranormales para hacer desparecer de la vista del pueblo cualquier vestigio de crítica que ponga en peligro la continuidad de su amo al frente de un país que no quiere ser dirigido por un personaje que les engaña, empobrece y aniquila. Eso, al menos, es lo que piensan la mitad de los ciudadanos de este país que seguirá mirando hacia adelante a pesar de los censores millonarios - repito - y de los progres enriquecidos que ejercen de lacayos.

Y que yo, que me considero de izquierdas, tenga que decir estas cosas, clama al cielo. Pero mi conciencia no me permite cerrar los ojos o mirar para otro lado cuando se amenaza o coarta la libertad de expresión, aunque sea por un asunto tan intrascendente como una simple parodia musical.

No sobrepasemos los límites que sus líneas son muy delgadas y de la coacción a la represión sólo hay un paso. Y a los políticos habrá que recordarles que España no es la finca o el cortijo particular de nadie, que su trabajo es eventual y su compromiso es con todos los ciudadanos, con los que están a favor y con quienes están en contra de su gestión.