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La Coctelera

Categoría: SANIDAD

BACTERIAS AL ACECHO

El número de fallecimientos por infeciones hospitalarias (más de 3.000 al año) es superior al que se produce por accidentes de tráfico, una cifra escalofriante y quizá poco conocida. Lo dicen los expertos ahora que la población anda un poco mosca porque por esa causa murieron 18 personas en el hospital Doce de Ocubre en 2006.

Aunque parezca que a los centros sanitarios va uno a curarse hay que tener en cuenta los riesgos a los que nos exponemos. Las bacterias van con nosotros a todas partes y, a veces, nos esperan tranquilamente en quirófanos, aparatos de respiración mecánica, catéteres, etc.; y perdonen que lo diga así, tan a la buena de Dios. Y no es que en los hospitales no se tomen medidas (que a veces son escasas), sino que el problema está en detectar la presencia de la bacteria en concreto. Las UCIs son un caldo de cultivo excelente para estos parásitos. Los enfermos de gravedad, con el sistema inmunológico bajo mínimos (leucemia, sida), están expuestos a contraer una infección nosocomial.

Las estadísticas son para asustar. En torno al 8% de las personas que ingresan en un hospital contraen una infección, aunque este porcentaje se incrementa hasta el 30% entre los enfermos de las unidades de cuidados intensivos. Del total de infectados se estima que un 0,5% fallece por una infección bacteriana. Maticemos que en un 80% de los casos el origen de la infección es endógeno, es decir, que la bacteria la porta el propio paciente. Las bacterias sobreviven en la piel, mucosas, tracto digestivo y otras partes del cuerpo; algunas son muy resistentes a los antibióticos, pero en individuos sanos no suponen peligro alguno. No así en pacientes en estado crítico o bajas defensas; aquí es donde entran en acción y pueden causar la muerte.

Desgraciadamente para los usuarios ningún hospital del mundo se libra de ellas y a pesar de que cuando se detectan se ponen en marcha los oportunos protocolos no siempre se puede vencer a un enemigo invisible.

ÚLTIMA HORA

Leo en un periódico lo siguiente: La Asociación del Defensor del Paciente ha instado a la Fiscalía General del Estado a tomar "medidas inmediatas" ante una nueva muerte en el Hospital 12 de Octubre tras sufrir una infección hospitalaria por staphylococo aureus. La víctima es un paciente de 69 años de edad, fallecido el pasado viernes, 16 de mayo.

"Es inexplicable que un paciente acuda al hospital por un mareo y contraiga esta bacteria mortal a través de la vía que le colocan", afirma la Asociación en una carta remitida al Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido.

UFFFFFFFFFFFFFFFFF ... que lo cierren, limpien, pongan en cuarentena, desinfecten ...

¿QUIÉN LES DEVUELVE SU MALTRECHA REPUTACIÓN?


EL DOCTOR LUIS MONTES

 


Labrarse una buena reputación a base de trabajo, sacrificio, honestidad, profesionalidad y responsabilidad, lleva tiempo, es duro y exige una capacidad ética y moral descomunal. Perder esa buena reputación es cuestión de un segundo; basta sólo con sembrar una mentira, publicarla, repetirla machaconamente y apoyarla con denuncias inmisericordes o falsas y ceses fulminantes.


DIMISIÓN YA DE LOS RESPONSABLES DEL ACOSO Y DERRIBO A LOS MÉDICOS DEL SEVERO OCHOA


 

Por eso, todo lo que les ha ocurrido al doctor Montes, Coordinador de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, y su equipo de colaboradores tiene que esclarecerse definitivamente, de una vez por todas. No debe quedar ni la más mínima sombra de duda sobre la legalidad de las actuaciones médicas. Los jueces ya nos han quitado la venda de los ojos sentenciando que no ha habido mala praxis en la aplicación de sedaciones a enfermos terminales, pero el daño personal a los médicos ya estaba hecho y los altos cargos del Partido Popular implicados en el asunto no han movido un dedo para lavar la imagen de los acusados y resarcirles por el daño causado a su reputación, a su profesión, a su vida. Tres años de vicisitudes, de calvario, de sospechas, de acoso y derribo, han tenido que soportar estos médicos, represaliados y denigrados hasta límites insoportables, hasta que, por fin, la justicia ha dictado sentencia.

 


 

 

 


MANUEL LAMELA, EXCONSEJERO DE SANIDAD


Al ex consejero de Sanidad de Madrid Manuel Lamela, del PP, actualmente titular de Transportes en el gobierno de Esperanza Aguirre, se la metieron hasta el fondo cuando el 2 de marzo de 2005 recibió una denuncia anónima (aunque se sospecha que nació en el mismo hospital) que le alertaba sobre "400 homicidios en el Severo Ochoa" mediante eutanasia masiva. No obstante, la investigación policial no halló culpables. Tan burda era la acusación que se vertía en el anónimo que en él se atribuía al doctor Montes el deseo de acabar con cientos de enfermos para ahorrar dinero al hospital (manda huevos). La Consejería de Sanidad de la comunidad de Madrid envió a dos inspectores para investigar y hacer un informe. Tras dos meses allí, el 18 de septiembre de 2003, los inspectores concluyen que no hay mala praxis en las sedaciones a pacientes terminales. La Consejería no tomó ninguna medida contra los médicos y cerró el caso.

 


Miguel Ángel López Varas, Jorge Olalla, Susana Cortizo, José Luis Menéndez y Diego Gomero, tuvieron que buscarse la vida en otros centros y, además, escuchar insultos en algunos programas de televisión y radio (Miguel Ángel Rodríguez, exportavoz del gobierno de Aznar, les llamó nazis en “59 segundos”). A Montes también se le apodó Doctor Muerte. Ahora han sido exonerados y reclaman justicia y dimisiones políticas.


Quienes dinamitaron la reputación de estos profesionales de la medicina, carroñeros que no merecen ocupar puestos de responsabilidad pública porque los denigran con unos comportamientos mafiosos y antidemocráticos, deben expiar sus culpas e irse para casita a cultivar tomates y ser inhabilitados de por vida para ejercer cualquier cargo público, previa rehabilitación a todos los niveles de los médicos vilipendiados, que fueron sometidos, además, a duras campañas de intoxicaciones informativas por parte de los medios de comunicación adictos al PP (COPE incluida).

 


El último consuelo para estos profesionales ha sido el apoyo recibido por las once mil personas que participaron en una manifestación de desagravio y reivindicación. Sin embargo, todo este asunto despide un tufillo a intento de privatización de la sanidad pública que ha encendido las alarmas de los grupos políticos opositores y sectores de la ciudadanía. Esperanza Aguirre guarda silencio y los implicados no se han movido, aún, de sus sillones poltroneros. Otra injusticia más. Como si no fuera la cosa con ellos. Pero la catadura moral de estos tipos, que se creen por encima del bien y del mal, ha quedado al descubierto y, por tanto, como a todo gorrino, a ellos, tarde o temprano, también les llegará su San Martín.


 

 

 


 

 

MANIFESTACIÓN A FAVOR DE LUIS MONTES