Imagen captada en una calle de Madrid (Foto de Salmocar). Probablemente será la imagen del año.
Categoría: crisis
Próximo estreno en todas las nóminas. No te la vas a perder por mucho empeño que pongas. A apechugar y punto en boca no vaya a haber represalias y te quedes a dos velas y formando parte del ejército parado.
El presidente del Valladolid ha encendido la mecha y ahora se teme que prenda la pólvora y se produzca una explosión que afecte a la seguridad ciudadana. Hay que tener morro para pedir 75 euros por una entrada para ver el partido entre el club pucelano y el Sporting de Gijón, cuando no hace mucho se quejaba de los precios abusivos que les ponían a ellos otros equipos (45 euros, creo que Numancia o Recreativo). ¿En qué quedamos, campeón? ¿Venganza, chulería o nos quieres tocar las meninges?
Carlos Suárez, presidente del Vallladolid, ha dicho que no le interesa tener en el campo a la mareona (pues te jodes). Ya, chavalote, pero este es un país libre en el que no están permitidos los atracos a mano armada y a plena luz del día, que es lo que has hecho tú con los aficionados esportinguistas quienes, cabreados -y con razón- se van a manifestar en los alrededores del campo de fútbol de "La Pulmonía" en señal de protesta y van a pasar olímpicamente de consumir -o sea, gastarse la pasta- en la capital del Pisuerga (no sé qué opinan de ello los comerciantes y hosteleros porque 4.000 personas tienen canto). Pero, ¡ay, amigo!, en estas que la subdelegación del gobierno castellano está pensando, incluso, en prohibir la entrada a la ciudad a la afición asturiana. Manda huevos, Sr. Trillo; lo que nos faltaba para el duro; acabarán poniendo las murallas de Ávila en Valladolid.
Lo que habría que hacer es darle un buen tirón de orejas al presidente del Valladolid y a todo el consejo de administración por provocar situaciones límite y pasarse tres pueblos coartando la libertad. ¿Que no me dejan entrar en Valladolid? Pues ahora, con dos cojones, voy, me dijo Manolo guardándose la nobleza en el bolsillo de la cazadora. ¿Nos están tomando por tontos, delincuentes, o qué? La consigna de las peñas es: huelga y consumo cero.
Por otra parte, las buenas relaciones existentes hasta ahora entre ambas directivas se han enrarecido hasta el punto de que el consejo de administración esportinguista ha rechazado las 1859 entradas a 75 euros que les ofrecía el Valladolid y tampoco acudirán a la comida previa al partido ni presenciarán el encuentro en el palco. ¡Toma, toma, toma, Josebas! Mira qué pollo han montano los pucelanos sin comerlo ni beberlo los asturianos (yo casi aseguraría que entre las aficiones no habrá problemas y que la pucelana casi se solidariza con la asturiana. Aunque igual me estoy aventurando mucho).
Estos personajillos que tanto abundan en el mundo del fútbol, que rigen los destinos de un club como les sale de los mismos y se pasan el fair play por el forro deberían ser severamente sancionados; Nada justifica -los argumentos del Sr. Suárez son peregrinos- unos precios abusivos (y menos en tiempos de crisis) aunque esté en juego una plaza por la salvación. Si quieres el campo para tí sólo y para los vallisoletanos móntate una liga paralela con equipos de la tierra y disfrútala, chatín.
La mareona mete miedo, sí; y ahora más porque va creciendo y puede convertirse en un tsunami. Afortunadamente, el sentido común imperará en una afición intachable, pacífica y querida en todos los terrenos del juego del país. Una afición que anima a su equipo como ninguna pero que no está dispuesta a que la entrenen, ninguneen, toreen y atraquen. Tomen nota para la próxima vez quienes tengan la intención de seguir el mal ejemplo de Carlos Suárez; mayormente, para no tener que lamentarse después.
Foto: Carlos Suárez, presidente del Valladolid conel jugador Víctor (La Nueva España)
Ya no es sólo que se compren un palacete en Boadilla del Monte, que destinen 300 millones de euros a abrir nuevas sedes en una política expansiva sin precedentes; tampoco que la agencia de protección de datos les multe con sesenta mil euros por introducir un "espía" en una boda y luego les absuelvan los tribunales alegando que los datos (el vídeo) no van a formar parte de ningún fichero (pero atenta contra el derecho a la intimidad), ni que cobren cinco mil euros por un festival benéfico (dinero que devuelven en forma de donación tras el escándalo que se produjo). Ya no hablamos del famoso cánon digital; ahora se pretende obligar a las bibliotecas públicas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para 'resarcir' a los autores. Mientras la gente de a pie apenas llega a fin de mes, los ya millonarios se forran a cuenta nuestra. La SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) ataca otra vez fotaleciendo con nuevas fuentes de financiación su ya de por si negocio redondo. Pero en esta ocasión, un escritor, José Luis Sampedro (se supone que se beneficia de los derechos de autor que gestiona la sociedad), les ha puesto una pequeña zancadilla mostrando su desacuerdo con el siguiente escrito:
"Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos.
Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a KarlMay.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas.
Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.
Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio. b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña".
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro
En este país hemos llegado a tales extremos, que hasta podría ser cierto.


